jueves, 29 de junio de 2017

Usos cartográficos del corazón




Hay mapas con forma de corazón y hay mapas del corazón. No del corazón como territorio, sino de las trayectorias del corazón, como si uno dijera un mapa de viaje, un itinere. Ahora se sabe que el corazón no viaja sino en sentido figurado, pero los kerora de Nueva Guinea creen que el ánimo con el que uno sobrelleva el día tiene que ver con los desplazamientos del corazón y el lugar que ocupa en cada momento. Como si el corazón fuera un animal indócil que habitara y recorriera, día a día, nuestro cuerpo.

La palabra indócil la digo yo, y la palabra animal, también. Para los kerora, creo, el corazón no es dócil ni indócil, ni les preocupa tanto qué es, sino más bien dónde está. Por eso miro tu electrocardiograma, aunque eso no me dice dónde está tu corazón.

No sé por qué me regalaste el electrocardiograma.

No conozco a nadie más que pueda hacer un regalo semejante.

Tampoco sé por qué lo miro.

Creo que puedo cantarlo.



Marcelo Díaz




miércoles, 28 de junio de 2017

Problema nº 2




Un topo cava un túnel que atraviesa una ciudad de trescientos mil habitantes en un tercio del tiempo que una pareja emplea en buscar razones para seguir juntos. Si tenemos en cuenta que el topo hace el trabajo solo y la pareja se reencuentra después de un par de semanas

a - ¿qué diámetro debiera tener el túnel para garantizar una salida sin problemas?

b - ¿en qué piensa cada uno, bajo la ducha, después de haber pasado la noche juntos?



Marcelo Díaz




martes, 27 de junio de 2017

Problema nº 1




¿Cuánto demora un topo en cavar un túnel que atraviesa una ciudad de trescientos mil habitantes por la noche, si todos permanecen acostados, el topo avanza a razón de 90 centímetros por hora, cuando de pronto alguien enciende una luz y te pregunta: dormís?



Marcelo Díaz




lunes, 26 de junio de 2017

Iglú blanco sobre fondo blanco




Existiría la creencia de que los esquimales tienen más de veinte palabras distintas para decir veinte tipos distintos de hielo o de nieve.

Habría, por ejemplo, una palabra esquimal para decir el hielo que se quiebra ante el menor contacto con un pie pequeño.

Otra palabra para la nieve cayendo.

Otra para la nieve cayendo por la noche.

Otra para la nieve cayendo por la noche iluminada por una linterna.

Y otra palabra más aún para decir la consistencia esponjosa de la nieve, por la noche, cayendo en la palma de la mano derecha después de habernos quitado el guante de cuero de foca, no sin esfuerzo, con los dientes (porque la mano izquierda sostiene, todavía, una botella).

Y así…

En una superficie regida por el blanco, el cuerpo y el lenguaje se habrían calibrado como un instrumento de altísima precisión para incubar en el infierno helado de lo mismo un mundo de diferencias, y habitarlo.

Ahora bien, la lingüística tiene sus serios reparos sobre todo esto…




Marcelo Díaz







domingo, 25 de junio de 2017

Semana dedicada a Marcelo Díaz







LADRONES DE HORIZONTES





Recuerdo algunos días,

no puedo definirlos con mucha exactitud

mas los recuerdo ahora

mientras estoy sentado

junto al eco de los trenes que pasan

y el valor se estremece como una rama trémula en otoño.



Llegábamos despacio, improvisando a veces,

mirando a todas partes,

creyendo ser anónimos

surcando los caminos y pendientes

de lugares esquivos

fugitivos del viento y las colinas,

ocultos a la vista del aire delator que nos guiaba.



Mirábamos a ciegas

sin conocer el ritmo de las horas ni sus ocupaciones

y ascendíamos siempre,

-con determinación más con cautela por

árboles previstos

aunque nunca los mismos

para evitar mostrar nuestras costumbres.



Desde arriba

como una panorámica de nuevos territorios

se mostraba de pronto entre las hojas

y probábamos frutos con miedo y con fruición

bajo el frecuente sol del mediodía

o ante la luna llena de ocasiones.



No había más opciones

-aunque ni lo supiéramos-

Era nuestra misión estar allí,

evitar ser oídos y no ser capturados

por extraños guardianes del hastío,

tomar las recompensas

sorteando el peligro apresurado,

quedarnos en la altura robando el horizonte,

saber que no hay dilemas

cuando el destino empuja hacia adelante,

desafiar, al fin, la incertidumbre

de ser feliz sin plazos un instante,

cumplido el objetivo

de frecuentar la dicha de vivir.



Julian Borao



sábado, 24 de junio de 2017

MAULLIDOS FANTASMAS



A Katy Parra


Hoy he oído a los gatos deshacer sus maullidos

en los restos del agua que la noche ha dejado

en las aceras.

Chapoteos desnudos, devaneos lejanos,

sus siluetas oscuras semejaban fantasmas

divagando en las horas de las sombras.

Elegantes mendigos de la luna

que cantaban a solas en la ciudad dormida,

solitarios bandidos del silencio

que robaron los sueños a las calles y plazas

de manera fugaz.



Y he quedado despierto en su concierto

convocando lo eterno del instante,

dibujando piruetas

en el aire nocturno

que me impulsaba al suelo,

apretando los puños para caer de pie

y amanecer sin tiempo

en los rincones húmedos del tiempo.

Y he vuelto a reencarnarme.



Hoy he visto a los gatos escapar de la luz

bajo la lluvia

y he saltado con ellos

y me he vuelto felino

de una vida casual y clandestina.



Julian Borao