jueves, 16 de marzo de 2017

VEN



Ven entre un vapor en el terciopelo. Entre tu frente.
Entre sus auroras y encendidas flaquezas.
La tibia azucena entre el azul de una sed comprime el campo entre el susurro del pelo.
Hay un camino entre el cuerpo y la sangre. Un silencioso fluido entre el quiebro y la ladera de las sonrisas.
Ven.
Como la escarcha. O ven no en mis brazos. Recuerda. Recuerda solícitamente
como clarea los besos en tu compungida simiente.
Pero luego ven a mí no encuentro, ven a mi imperiosa flaqueza que te retarda por el aburrimiento de las margaritas.
Ven, sin que quiera cogerte entre los juncos de un nicho que se pierde en los ojos.
Vete, vete no rompas la piel entre tu corpóreo corpiño, en la incesante sed que me provoca el duelo.
Vete que te imploro como el devaneo que los amantes descuelgan entre el gozo y la sombra de una madera.
Podría decir inclusive en la lectura de este maldito
oropel de aceite sin aliño, que vengas, pero no vienes.
Corre entre la salvaje presencia de un jardín que me muerde las uñas,
me arranca el aire, suavemente debería subir y retar a Dios.
¡Ah que cruel es la alabanza para el pecador!
Huye, huye finalmente antes que pueda decirte
que vengas a mi sol, o la luna, a la inercia, o al abandono,
o al retiro, al olvido, si , sinuosamente …Al olvido.



Isabel Rezmo